Carlos Semprún: El hombre que no tenía miedo, por Julia Escobar

Carlos Semprún (Foto: FDV / Wikimedia Commons)

Carlos Semprún (Foto: FDV / Wikimedia Commons)

Carlos Semprún Maura nació en Madrid en 1929 y murió en París, ciudad en la que vivió desde su juventud, el 23 de marzo de 2009, hoy hace ocho años. Había llevado una vida de esas que se conocen como “agitada”, en consonancia con los tiempos que le tocó vivir: niño durante la Guerra Civil española, exiliado, adolescente durante la Segunda Guerra mundial, activista revolucionario y clandestino en la España de Franco, militante comunista primero, miembro del FLP, fundador de AC (Acción Comunista), cercano a grupos trostkistas y anarquistas, Carlos tuvo una gran influencia en la educación política de varias generaciones, gracias a su papel en la colección El Viejo Topo de la editorial Ruedo Ibérico. Después, en la colección Acracia de la editorial Tusquets, donde publicó lo mejor en materia de pensamiento antitotalitario de izquierdas (Castoriadis, Claude Lefort y compañeros mártires), hasta despertar del todo, convirtiéndose en un liberal convencido que dedicó sus últimos años, a través de sus libros y de sus centenares de artículos en Libertad Digital, a ayudar a los demás a descubrir la gran mentira del comunismo y la impostura de una generación, víctima de una alucinación colectiva que le hacía apoyar regímenes comunistas abyectos, mucho peores que aquellos contra los que habían pedido tanto tiempo combatiendo.

Protagonista en suma, más que testigo, de una época convulsa y en muchos aspectos abominable, que él, escritor prolífico, supo analizar con lucidez, humor y crítica muchas veces demoledora. Nadie como él, entre los escritores de su generación, ha sabido ponerse el mundo por montera, a veces en contra de su propia imagen, y denunciar de manera más implacable esas grandes mentiras del siglo XX que él mismo había asumido, primero como una suerte de “herencia” y después, una vez sacudido ese yugo, como una provocación y un estímulo intelectual y creativo.

El resultado no ha podido ser mejor ni más variado, con derivas insospechadas en alguien aparentemente tan politizado, pues junto a las novelas, libros de ensayo político, artículos y libros de memorias -en los que, una y otra vez, vuelve sobre todo lo mencionado anteriormente-, una parte nada desdeñable de su obra mira hacia otra parte, hacia el interior de sí mismo. Me refiero a su extensa obra teatral, escrita en francés, como la mayoría de sus libros, en donde figuran algunos éxitos memorables –Le bleu de l’eau de vie o, L’homme couché, interpretada por Laurent Terzieff. En estas piezas, Carlos Semprún da rienda suelta a toda su vena poética, a toda su necesidad de evasión y a sus inquietudes existenciales, más allá y por encima de cualquier contingencia política.

No voy a entrar en el análisis detallado de su extensa obra literaria y ensayística, me limitaré a mencionar algunos títulos: Revolución y contrarrevolución en Cataluña, Ni Dios ni amo, ni CNT, Franco murió en la cama, Vida y mentira de Jean-Paul SartreEl año que viene en Madrid, El día en que me mataron, El ladrón de Madrid, Las aventuras prodigiosas… En todas ellas, Carlos Semprún conjuga admirablemente su experiencia política y su vida, absolutamente imbricadas en toda su obra, incluso en la más panfletaria, aspecto éste que, lo he señalado ya alguna vez, le determinó a vivir peligrosamente como revolucionario profesional en una prolongada fiesta o vacación que yo entiendo como referida a una ausencia total del principio de realidad característica del exilio.

Pero donde esa fórmula ha resultado más brillante, ha sido sin duda en sus tres grandes libros de memorias, escritos todos en español, en contra de su costumbre, pues sólo seis de sus más de ochenta libros están escritos en castellano, con un evidente esfuerzo lingüístico que le honra, aunque obliga a veces a un viaje tortuoso por la frase pero que singulariza su estilo. Los tres giran en torno a los dos ejes centrales de su existencia: su vida familiar y su militancia revolucionaria, que es una constante también de todas sus novelas. En todas ellas tiene una importancia primordial la figura de su famoso hermano, Jorge Semprún, y sus complicadas relaciones afectivas que le han llevado a cuestionar su papel en el campo de Buchenwald y acusarle de haber sido kappo.  El exilio fue una fiesta, A orillas del Sena, un español y La barricada de enfrente, este último inédito todavía en español, forman un corpus memorístico primordial para entender el siglo XX europeo, en particular en Francia y en España. Los tres son atípicos, no son apologéticos, no son complacientes, en una palabra, no son “correctos”. Molestarán a muchos, por no decir a casi todos, me atrevería a creer que incluso a quienes quisieron mucho a su autor y fueron también muy queridos por él, pero ser homme en trop era una de las características de Carlos, lo que le mantenía en la brecha y constituía su especial valía como intelectual y su gran encanto como persona.

Julia Escobar

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  • Juan López Rodríguez

    Ni la guerra civil del 36 ni la proxima guerra civil o destrucción de ESpaña que tenemos en un fururo tan cercano, no se puede entender sin la ingerecia de las potencias vecinas en la vida y politica Española.

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