El camino hacia la mayoría, por Jorge Martín Frías

Artículo originalmente publicado el 10 de septiembre en Actualidad Económica



Con la proclamación de Pablo Casado como presidente del Partido Popular, el centroderecha español emprende un nuevo camino. Pero el camino iniciado no se vislumbra fácil por diversos motivos: en primer lugar, el estado en que se encuentra la propia organización; segundo, el cuarteamiento que se ha producido en el centroderecha con la aparición de nuevas fuerzas políticas, y tercero, la hegemonía cultural y mediática de la que goza la nueva izquierda.

Los resultados electorales y la fragmentación del espacio político no podrían entenderse sin la preeminencia de la agenda cultural y mediática de la nueva izquierda. Raymond Aron ya lo advirtió en los Encuentros Internacionales de Ginebra, celebrados un año después del Mayo del 68 francés, en los que también participaron Herbert Marcuse y Paul Ricoeur (quien tuvo como asistente editorial a un joven llamado Emmanuel Macron). El filósofo y sociólogo francés desentrañó entonces el núcleo de la nueva izquierda, donde la crítica cultural sustituye a la crítica económico-social (puesto que la segunda no ha sido capaz de derribar el capitalismo), sobre la base de “la función positiva que los conflictos desempeñan en los cambios sociales”.

El reino de la nueva izquierda no es, por tanto, el racional, sino sobre todo el desiderativo-emocional, en el que los sentimientos y los deseos irrealizables e incontrastables van de la mano. Lo simbólico establece así el campo de juego de la política, desempeñando un papel clave el dominio de la cultura y los medios de comunicación.

En la España actual, los ejemplos más obvios los tenemos en aquellos problemas que con un Gobierno del PP parecían ser de “emergencia nacional”, y que con un Gobierno del PSOE apoyado por Podemos, ERC, Bildu, etcétera, han pasado, en cuestión de semanas, a la irrelevancia. Y ello al mismo tiempo que las manipulaciones de la historia o de la lengua española pasan a ocupar el centro de la agenda gubernamental. Hasta tal punto son efectivas estas campañas, que lo razonable y lógico se muta en incorrección moral, y lo irracional e ilógico, en la corrección imperante. Y todo sustentado sobre identidades minoritarias que aspiran, y ejercen, de prescriptoras del orden moral y político.

A esto es a lo que se enfrenta el presidente del PP. Para esta contienda político-ideológica lo eligieron sus afiliados. Entre otras cosas, porque en su campaña les ofreció volver a ser la “casa común” del centroderecha español. Una formación histórica con un pasado, con unos referentes y con una base ideológica lo suficientemente plural, en tanto que está conformada por las grandes familias que configuran el centroderecha: liberales, conservadores, democristianos y centristas. La conversación entre estas sensibilidades es lo que permite al discurso liberal-conservador la suficiente permeabilidad para liderar los cambios sociales y salvar la “tradición renovándola”.

Ante la difícil tarea que tiene por delante el líder popular, se pueden avistar tres hitos necesarios para alcanzar el poder. El primero es refundar el centroderecha y aunar a todas sus familias con el fin de recuperar la base social de la que gozaba el PP como partido hegemónico en su espacio político. El segundo es ganar la centralidad, atraer a una amplia mayoría a los principios, ideas y valores que representaba el PP. Y el tercero, hacer frente a los posicionamientos culturales e ideológicos de la nueva izquierda, porque, como escribía Aron, “puesto que quieren ser nuestros enemigos, no ignoremos su hostilidad”.

Jorge Martín Frías App-Twitter-icon

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