¿Cambio libre o impuesto?

(Foto: EFE)

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Entre el serio correctivo electoral del 24 de mayo y el reto de las (próximas) elecciones generales de noviembre, al Partido Popular le corresponde tomar las riendas de sí mismo y rectificarse a fondo: en ideas, personas y organización de sus numerosos afiliados. Antes de que se la hagan terceros partidos “bajo pacto”. Seguramente, sería la mejor aportación a unas elecciones que todavía puede llegar a ganar claramente. Sería la respuesta coherente de una organización experimentada en superar resultados (muy) adversos, que esta vez no se pueden enderezar sólo con el cierre de filas y la consigna de movilización ante la campaña electoral.

Al renovar parte de la directiva nacional en busca de la sintonía perdida con el universo de militantes, simpatizantes y votantes, ¿no sería lo pertinente transmitir un idéntico móvil transformador aguas debajo de su todavía poderosa organización a los militantes y simpatizantes invitándoles al debate sobre el modelo de organización y de toma de decisiones, en vez de postergarlo a un lejano enero de 2016, alimentando la imagen de inmovilismo?

A los cambios de forma siempre le siguen los de fondo. La cuestión es el momento a elegir para que los votos perdidos se reconcilien con el PP. Cambios que permitan a los más de dos millones de votos reconocerse en el Partido Popular y percibirlo como una herramienta de oportunidades, que no de obstáculos a su implicación personal en la vida pública.

Demasiados vectores sociales llevan emitiendo varias llamadas distintas con un mismo mensaje: piden partidos más democráticos, abiertos a generaciones nuevas de ciudadanos, individualistas y participativos a la vez; se repudian los partidos no transparentes, e impecables cuando salta la corrupción en sus filas; partidos moderados de expresión y modestos que no colonicen las instituciones llamadas a controlarlas a ellos; etc. Y en el próximo futuro – los meses venideros – , partidos en la antípoda del populismo.

¿Quién puede hacerlo?

El Gobierno actual no puede renovarse a sí mismo, sin grave trastorno ni probabilidad de resultado a contados meses de unas elecciones; la dirección nacional del PP tampoco puede embarcarse en la preparación de un Congreso nacional en vísperas de unos comicios. Pero sí cabe dejar actuar a los partidos más locales y en mayor riesgo. Celebrar un Congreso próximo al modelo de una asamblea general está mucho más cerca de la respuesta coherente ante las elecciones de mayo pasado que de la imprudencia por no conocerse de antemano el resultado final de las votaciones. (Pedir la autorización y) el hecho de permitírselo a algunos de ellos, a quienes presenten un claro horizonte al que quieran llegar, sería un beau geste de la dirección nacional popular (que la gente reconocerá y aplaudirá). Merece la pena sopesarlo antes que rechazarlo sin más.

CHh51e5W8AA4ORG-1Permitir que se celebren más pronto que tarde estos congresos en Valencia, en Madrid y en otros territorios decisivos para el resultado final de las elecciones generales, reactivaría como ningún otro factor de cambio a las numerosas bases, todavía organizadas, en las que descansa ése “PP-maquinaria electoral” que con razón han temido los (demás) partidos competidores hasta el 24 de mayo. Es el momento de ellos, su derecho a elegir por sí mismos: presidente, partido y programa. Se pueden invocar “primarias” o se puede hablar de invitar a un Congreso abierto. Las primarias se prestan a un exceso de personalismo y de pasarela, a los políticos de superficie cosmética; por el contrario, los Congresos de largos preparativos y participación general son mucho más reflexivos y preferibles.

Quedan muy pocos meses, poco(s), donde el Gobierno y el partido que lo sustenta (la dirección nacional) no tienen tiempo más que para enderezar algunas malas prácticas que se han adherido por fuerza y en años a una organización de éxito probado como ha venido siendo el PP desde los años 90 del pasado siglo. Del adversario, el consejo “no muramos de éxito”, como le viene ocurriendo lentamente al PSOE, lenta, pero inexorablemente también desde aquellos años.

Sello

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floridablanca_final_round_azul_smallFloridablanca pregunta

¿Estás de acuerdo con este planteamiento? ¿La celebración de congresos regionales son la oportunidad para impulsar un nuevo modelo de democracia interna en el partido que luego se instaure a nivel nacional? ¿Qué sistema crees que es mejor, primarias o congreso abierto a todos los afiliados?

  • Blas

    Hombre, lo de las primarias… visto como les ha ido en el PSOE, como que no. Totalmente cierto lo de los personalismos por culpa de los cuales el proyecto queda de lado. El último ejemplo es Pedro Sánchez, que con tal de vender que ha sido capaz de formar gobiernos en muchos sitios ha relegado al PSOE a la nada política, a mero sustento de otro partido que lidera el espacio que en su día ocupó.
    Si las primarias fueran como en EEUU, que son iguales para todos los partidos, todavía podrían tner un pase. Me decanto por un congreso abierto en el que los afiliados participen de verdad

  • Félix

    El PP creo necesita volver a recuperar un discurso ideológico identificable, es decir, abandonar el materialismo economicista y sin dejar la eficiencia volver a defender sin complejos las ideas que han estado en su origen: el humanismo cristiano, la defensa de la dignidad de la persona y por ello de la solidaridad, sin dejarse arrebatar la idea de la justicia social y el respeto a cada persona. Debe rectificar ya, en personas, proyectos, solidaridad efectiva, protección de los débiles, recordar la superioridad del humanismo cristiano sobre el materialismo y de la civilización occidental sobre la irracionalidad nacionalista y populista. Sería aterrador la perspectiva de un pp similar 4 años más, y deben dejar claro que eso no será lo que pase s vuelve a ganar el pp.

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