Balmes, ¿Un liberal-conservador?, por León M. Gómez Rivas

Con mucho gusto he recibido la invitación a colaborar en esta pequeña serie conmemorativa de nuestro gran pensador catalán y -por eso- español del siglo XIX. Tengo delante los textos de Ignacio Ibáñez, Josep Mª Castellà y Alejandro Chafuen (este último cita con toda amabilidad un Comentario mío para el Instituto Juan de Mariana, en el que hablaba sobre sus pioneras intuiciones sobre la Teoría de la Utilidad Marginal. Permitan que ahora añada -por si tuvieran mayor interés- un artículo más largo en Procesos de Mercado XII-1; 2015). Pues bien, en ellos se resumen perfectamente algunas materias sobre las que trató Jaime Balmes: comenzando por la Economía, con esas aproximaciones a la teoría del valor o el análisis crítico de un socialismo incipiente, del que tuvo experiencia personal durante sus viajes a París.

Taller textil en Cataluña en el siglo XIX (Vtornet / Wikimedia Commons)

Taller textil en Cataluña en el siglo XIX (Vtornet / Wikimedia Commons)

En relación con este asunto, recordaremos que perteneció a una familia de pequeños empresarios de Vic (fabricaban precisamente barretinas de piel de conejo), conociendo de primera mano -por tanto- esa naciente industria textil que empezaba a incorporar la máquina de vapor al proceso productivo. Se conserva una interesante correspondencia con su hermano en la que describe los avances tecnológicos observados en Francia. También de aquellos viajes proviene un ensayo de Balmes sobre “La Población”, que demuestra la clarísima idea que tuvo de la revolución demográfica que se estaba operando en la Europa industrializada. Apoyado en un trabajo de don Ramón de la Sagra, Jaime Balmes cita un buen número de filósofos y economistas que habían escrito sobre esa materia con dos opiniones: “la primera, que cuenta entre sus defensores a Montesquieu, Necker, Mirabeau, Adam Smith, Everett, Moren de Vindé, sostiene que la fuerza y riqueza de los Estados son proporcionales al aumento de la población, por considerar a ésta como un elemento productor. La otra, que defienden Ortés, Ricci, Franklin, J. Stewart, Arthur Young, Towesend [sic], Malthus, J.B. Say, Ricardo, Destutt de Tracy, Droz, Duchatel, Blanqui, Sismondi, de Coux, Godwin, considera el aumento de la población como un verdadero mal” (Estudios Sociales).

Un último comentario (proviene de Ernest Lluch) sobre las opiniones económicas de Jaime Balmes nos lleva al interesante debate sobre el liberalismo y proteccionismo, que vemos ya estaba latente en la primera mitad del siglo XIX. Explicaba cómo el empresariado catalán tenía miedo de la competencia inglesa, por lo que prefirió que Gibraltar se mantuviera bajo el dominio británico a cambio de unas leyes proteccionistas para su industria. Balmes también participó en ese debate, aportando algunas ideas avanzadas, como la constatación de que Inglaterra veía un peligro en la industria textil catalana, y no solamente un mercado para expansionarse. Otras propuestas innovadoras fueron la diversificación industrial en Cataluña, más allá de la fuerte especialización textil que se estaba consolidando; o también su preocupación por la enseñanza y la formación profesional. Muchas de estas reflexiones las implementó Balmes a través de una sociedad ligada al Fomento del Trabajo Nacional, aunque no he tenido tiempo de averiguar más cosas al respecto.

Retrato de Isabel II por Federico de Madrazo y Kuntz

Retrato de Isabel II por Federico de Madrazo y Kuntz

Porque nos interesa también el Balmes político, para el que comparto con Ignacio Ibáñez esa descripción de “liberal-conservador” (una característica lamentablemente escasa en la España del siglo XIX). Conviene recordar que Balmes fue un personaje polémico, inserto en las guerras civiles de la España del siglo XIX (que nosotros llamamos ahora carlistas). Su figura suele ubicarse con cierto prejuicio entre los conservadores opuestos al liberalismo de la corte isabelina, quizás por la fundación de una revista aparentemente cercana al carlismo: El Pensamiento de la nación. Ciertamente, le tocaron vivir unos años complejos de la historia de nuestro país, con la sucesión de Fernando VII, las referidas guerras carlistas (sufrió el asedio y bombardeo de Barcelona en 1842), o las polémicas reformas “liberales”, como fue la desamortización eclesiástica de Mendizábal. Sin embargo, considero más adecuado considerarle dentro de una corriente del catolicismo político español -en contraposición a Donoso- partidaria del diálogo con el liberalismo y la acomodación de la Iglesia a las necesidades de los tiempos (compatibilizando libertad y religión)[1].

Lean despacio, por favor, el excelente artículo de mi compañero de columna Josep Mª Castellà para comprender mejor esa complicada España decimonónica donde convivieron: “tradicionalistas” partidarios del viejo pacto territorial durante los Austrias; incipientes “nacionalistas” -fruto del Carlismo- que veían en los Fueros una excusa para la independencia; “liberales” doctrinarios defensores de un Estado centralizado e hiperintervencionista; o esos liberales “moderados” que estuvieron a punto de ofrecer una solución verdaderamente moderna a la política española.

En medio de esas disputas, nuestro autor se embarcó en una “peculiar” política de conciliación nacional, proponiendo (también lo recuerda Castellà) el matrimonio de la Reina Isabel con el hijo de don Carlos. Para ello contaba con el apoyo de conservadores y carlistas moderados (el propio conde de Montemolín), logrando un acuerdo con estos últimos en 1845 que se truncaría por la boda de Isabel con Francisco de Asís el año siguiente.

Hace años que vengo animando a estudiantes de Doctorado para examinar a fondo los Escritos Políticos de Jaime Balmes, así como toda esa apenas conocida labor editorial de El Pensamiento, una revista que aspiraba a reconstruir la política española basándose en el diálogo entre liberales, conservadores y un carlismo no ultramontano … Ojalá que estas líneas impulsen a que algún lector se ponga manos a la obra.

[1] En este punto, no me resisto a recomendarles el nuevo libro de Francisco J. Contreras: Una defensa del liberalismo conservador, aunque no trate propiamente de nuestra materia.

 

León M. Gómez Rivas

PROFESOR TITULAR DEL DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA Y EMPRESA DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y DE LA COMUNICACIÓN DE LA UNIVERSIDAD EUROPEA

 

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