Benjamin Constant sobre los impuestos

Extracto de la obra de Benjamin Constant Principios de política aplicables a todos los gobiernos (Katz, 2010, Libro XI, Págs. 251-252)

Al indicar, como lo hicimos en esta sección, de una manera necesariamente muy abreviada, algunas de las reglas relativas a los impuestos, nos propusimos sugerir ideas que el lector pudiera ampliar, y no desarrollar ninguna de ellas. Este trabajo nos hubiera llevado mucho más allá de los límites que nos hemos propuesto. Un axioma indiscutible y que ningún sofisma puede oscurecer es que todo impuesto, de cualquier naturaleza que sea, siempre tiene una influencia más o menos enojosa. Si el impuesto produce en ocasiones un bien por su empleo, siempre produce un mal por su recaudación. Puede ser un mal necesario. Pero como todos los males necesarios, hay que lograr que sea lo más pequeño posible. Cuanto más medios se dejan a disposición de la industria de los particulares, más prospera un Estado. El impuesto, sólo por el hecho de que retira una porción cualquiera de esos medios a esa industria, es infaliblemente perjudicial. Cuanto más dinero se saca de los pueblos, dice el Sr. de Vauban en la Dîme royale, tanto más dinero se retira del comercio. El dinero del reino mejor empleado es aquel que permanece en las manos de los particulares, donde jamás es inútil ni ocioso.

Rousseau, que en finanzas no tenía ninguna ilustración, repitió lo que muchos otros dijeron cuando afirmó que en los países monárquicos el excedente superfluo de los súbditos debía ser consumido en la opulencia del príncipe, porque era mejor que ese excedente fuera absorbido por el gobierno que disipado por los particulares. En esta doctrina se percibe una mezcla absurda de prejuicios monárquicos y de opiniones republicanas. El lujo del príncipe, lejos de desalentar el de los individuos, le sirve de aliento y de ejemplo. No hay que creer que al despojarlos los corrige. Puede precipitarlos en la miseria, pero no va a conducirlos a la sencillez. Y cuando la miseria de algunos se combina con el lujo de otros, de todas las combinaciones es la más deplorable.

Por el hecho de que los países más cargados de impuestos, como Inglaterra y Holanda, eran los más ricos, algunos razonamientos no menos inconsecuentes han inferido que eran más ricos porque se pagaban más impuestos. Tomaban el efecto por la causa. “No se es rico porque se paga; sino que se paga porque se es rico”.

“Todo cuanto excede las necesidades reales –dice un escritor cuya autoridad en esta materia no se puede discutir- deja de ser legítimo. No hay otra diferencia entre las usurpaciones particulares y las del soberano, de no ser que la injusticia de uno depende de ideas simples y que cualquiera pueda distinguir con facilidad, mientras que las otras, al estar relacionadas con combinaciones cuya extensión es tan vasta como complicada, nadie puede juzgarlas de otro modo que mediante conjeturas”.

*Benjamin Constant, Principios de política aplicables a todos los gobiernos, Libro XI, Capítulo 8 (Constant de Rebecque, Hofmann and Goldstein, 2010)

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