Tradición, Navidad y propiedad privada: La continua relevancia del Beato Antonio Rosmini, por Alejandro Chafuen

 Versión traducida por Joshua Gregor para los lectores de Floridablanca


El gran economista austríaco Ludwig von Mises escribió que el destino de la civilización dependía en gran parte de las actitudes de la Iglesia hacia la economía libre. En su libro El socialismo (1922) pregunta: “Aun está permitido hoy en día a los sacerdotes de la iglesia romana estudiar astronomía y las teorías evolucionistas. ¿No podría hacerse lo mismo en lo que toca a los problemas sociales? ¿No podría la iglesia hallar un camino que le permitiese asimilar el principio fundamental de la sociedad, la libre cooperación por medio de la división del trabajo? ¿No se podría interpretar en este sentido el principio fundamental de la caridad cristiana?” Si la iglesia cristiana enseña ideas económicas equivocadas, la civilización está en peligro, porque “La iglesia es una fuerza tan poderosa que su hostilidad al principio constructor de la sociedad arruinaría a toda nuestra civilización.”

Muchos clérigos hoy se distinguen por su piedad pero tienen poca o ninguna comprensión de las ciencias económicas. Durante la primera mitad del siglo XIX, intelectuales cristianos y sacerdotes relevantes pudieron combinar las dos: una comprensión de la libertad humana tanto en la esfera económica como en la espiritual. La Navidad es un buen momento para reflexionar sobre uno de los intelectuales religiosos que combinaba los dos talentos. Algunos de los más destacados de éstos son el P. Jaime Balmes (1810-1848) en España, Frederic Bastiat (1801-1850) en Francia, y el obispo Richard Whately (1787-1863) en Irlanda. En Italia encontramos al Beato P. Antonio Rosmini (1797-1855) y en esta Navidad lo destaco a él. Fue un escritor prolífico, fundó una orden religiosa, y es considerado por muchos como un gran campeón de la economía libre. Jesuitas relevantes de su época no estaban de acuerdo con él, y lo criticaban hasta declarar que sus ideas atraerían sólo a los liberales ateos.

Su uso atrevido de múltiples fuentes filosóficas y sus escritos innovadores suscitaron sospechas entre la jerarquía. Durante un tiempo sus libros fueron condenados, pero Rosmini regresó con vigor cuando San Juan Pablo II (1920-2005) publicó Fides et Ratio y honró a Rosmini por sus aportaciones. En 2001 el Vaticano publicó una declaración reconociendo que “con el propósito de ofrecer nuevas oportunidades a la doctrina católica en relación con los desafíos del pensamiento moderno,” su “empresa especulativa e intelectual…caracterizada por una gran audacia y valentía…en cierto modo pudiera considerarse una peligrosa osadía.” Antes de su muerte, Juan Pablo II recomendó que se estudie la posibilidad de canonizar a este prolífico sacerdote italiano. El 18 noviembre 2007 Rosmini fue beatificado por Benedicto XVI, el sucesor de Juan Pablo II. Fue la primera beatificación de su pontificado.

Rosmini fue un fuerte crítico de los socialistas de su época (Henri de Saint-Simon y Robert Owen) y anticipó muchos de los males que seguirían de la adopción del socialismo. Para él, las políticas socialistas violan derechos fundamentales como el poder elegir el propio estilo de vida, la propiedad privada, la competencia y el trabajo libre. Y añade que el socialismo destruye los incentivos a la iniciativa personal, el amor familiar, el cuidado de la propiedad y la asociación libre. Todos estos principios son fundamentales en la filosofía económica de Rosmini. Escribió que el impacto económico y social del socialismo sería devastador, pero el impacto peor aún sería la “destrucción completa de la libertad humana,” que conduce a la destrucción de la capacidad moral y económica del hombre, porque la libertad es “la raíz de todos los deberes y por ende de todos los derechos del hombre…la fuente de todos los bienes individuales y sociales.”

Aunque defendía los derechos políticos, era escéptico de la democracia popular. En su libro La constitución civil según la justicia social, Rosmini escribió del sufragio universal: “El derecho electoral no se establezca según el criterio de las personas contadas en el censo, sino el de la propiedad…si los que hacen las leyes no tienen nada, es cierto que ellos se aprovechan del poder legislativo que tienen en mano para llevar a sí mismos las propiedades, privando a los que las tienen: las propiedades quedarán sin defensa.

Además de empujar la razón hasta sus límites, Rosmini mantenía gran respeto a la tradición. Como F.A. Hayek (1899-1992), otro gran economista austríaco, Rosmini declaró que el respeto a la tradición no supone oposición a las innovaciones: “No nos debemos engañar. Este respeto natural y sabio no nos obliga a oponernos a las innovaciones útiles, sino a distinguir con claridad entre las innovaciones que destruyen lo antiguo y las que añaden a ello. En cuanto a los que pretenden destruir cualquier cosa antigua, tenemos que proceder con mayor difidencia y cuidado. Los innovadores deben estar seguros de que destruyen sólo un puntal o andamio, y no un arco o columna principal.”

En cuanto a las tradiciones, hay pocas más importantes en el cristianismo que la Navidad, la conmemoración del nacimiento de Jesús. Además de sus libros sobre las ciencias sociales y la filosofía, Rosmini escribió muchas obras religiosas. Una de éstas fue un catecismo en que resumió las enseñanzas de la Iglesia católica para este período especial de conmemoración: desde los ángeles que se les aparecieron a María y José hasta las lecturas bíblicas que anuncian la venida de un Salvador. Describe cómo José, el marido de María, hombre justo, recibió el mensaje del ángel mientras dormía. No fue así para María, que estaba bien despierta cuando el ángel Gabriel la saludó como llena de gracia y anticipó el fruto bendito de su vientre.

Se puede argumentar que el viaje de María y José a Belén fue motivado por las políticas fiscales. El emperador César Augusto, como recuerda Rosmini y registraron los historiadores, había ordenado un censo, y siendo José y María del linaje de David, se les obligó viajar a esa ciudad para cumplir la ley.

Rosmini les enseñó a los fieles a meditar durante estos días navideños. Nos pide que usemos la vista de la imaginación para ponernos en el camino de Nazaret a Belén, en los valles, en las colinas, en la gruta donde encontraron reposo. El fin de estos ejercicios es ayudarnos a reconocer a Cristo como ejemplo de la pobreza que puede servir como instrumento para superar el apego a las riquezas. Rosmini enfatiza que es este apego, y no la posesión de riquezas, un enemigo peligroso para la salud espiritual y la justicia perfecta.

Rosmini nos pide que con el intelecto nos concentremos en las personas de la escena del nacimiento de Cristo, la familia de Jesús: María, José y el niño. Se pone a sí mismo en la escena, imaginándose que está allá presente físicamente, como un niño pobre, escuchando sus palabras y reflexionando sobre sus largas noches de viaje, la falta de alojamiento y las demás dificultades humanas. Pero Rosmini les pide también a los fieles que contemplen lo que todos esos retos significan para uno que es divino. Este gran campeón de la libertad quiere que nos demos cuenta de que el hambre, el dolor, la desnudez, la sed, la escasez “pueden ser nuestras armas para luchar contra las opiniones falsas y los afectos desordenados.” En su italiano, “Sono le armi di cui si mostrò armato il mio Re e Signore, con cui vinse le false opinioni e le inordinate affezioni degli uomini.

Los períodos de la civilización cristiana que mostraron gran respeto a la propiedad privada, la libertad y la tradición dieron lugar a una gran prosperidad. El trabajo monumental de Rosmini puede seguir siendo una fuente para alimentar la sociedad libre y darle nueva vida espiritual y económica.

Alejandro A. Chafuen

DIRECTOR GERENTE DEL ACTON INSTITUTE Y MIEMBRO DEL CONSEJO ASESOR DE RED FLORIDABLANCA

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