20D: Propuestas de Política Exterior

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Diagnóstico

La política exterior, reza el adagio, no gana elecciones pero puede hacer perderlas. De ahí que en el momento de inestabilidad que estamos viviendo en Europa tras los atentados de París, y considerando el peso de ciertos precedentes históricos,  algunos gobiernos prefieran no meterse en líos y ponerse de perfil ante cualquier llamada, directa o indirecta, a estar a la altura de sus responsabilidades en el ámbito internacional.

Dichas responsabilidades varían, primero, de acuerdo al poder del país, establecido en función de criterios objetivos (por ejemplo, número de habitantes, tamaño de la economía, capacidades militares) e intangibles (por ejemplo, liderazgo, proyección política, económica y cultural) y, segundo, de su voluntad de comprometerse y asociarse en el ámbito internacional. De acuerdo a lo anterior, podemos decir que España hoy no está en la primera división de la sociedad internacional, copada por unos ocho o nueve países, pero que suele estar entre los líderes de la segunda división, aspirando al ascenso según la temporada. Por consiguiente, sus responsabilidades internacionales son significativas si bien no decisivas, con lo que ello implica a la hora de diseñar y ejecutar una política (o acción) exterior acorde.

Desde la Transición, la política exterior española ha tenido tres ejes fundamentales, Unión Europea (UE), Iberoamérica y Magreb, y un cuarto, Estados Unidos (y OTAN), de influencia variable. En un segundo orden de prioridades, ha prestado especial atención al Mediterráneo, Oriente Próximo y el África Subsahariana; quedando su acción exterior en las zonas de Asia-Pacífico y Asia Central más como deseo que como realidad. El multilateralismo, a nivel regional (UE) e internacional (ONU), así como la proyección militar (misiones de la ONU y de la OTAN), de cooperación (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), económica (Instituto de Comercio Exterior) y cultural (Instituto Cervantes),  también han estado muy presentes en la política exterior española moderna.

Si nos circunscribimos al análisis político de la acción exterior española en estos ámbitos a lo largo de los últimos cuatro años, nos encontraremos con resultados discretos. En lo que respecta a la UE, España se ha visto constreñida por la crisis económica a dedicar todos sus esfuerzos diplomáticos a presentarse en Bruselas como un socio responsable. A ello le ha ayudado la mejora de la situación económica en España. No obstante, España ha perdido capacidad de liderazgo en otros ámbitos de capital importancia para sus intereses. Esto se ha hecho patente durante la crisis migratoria y de refugiados, un tema en el que tradicionalmente España ha liderado el debate en la UE y donde su actitud errática mostró que no estaba bien preparada en esta ocasión.

Esta misma sensación de indefinición es la que trasciende de los cuatro últimos años de acción exterior en Iberoamérica. Ni se ha querido presentar a España como firme defensora de los derechos humanos y de los principios básicos de nuestras democracias liberales, imperando frecuentemente un silencio ignominioso ante los atropellos cometidos por el bolivarianismo con el fin de proteger, se argumenta, intereses económicos y la famosa “capacidad de interlocución”; ni se ha querido tener una reflexión estratégica profunda sobre la manera de crear un nuevo marco de cooperación iberoamericano para el siglo XXI. El resultado de la inacción ha sido la pérdida de influencia; una interlocución que se ignora.

También en el Magreb. El silencio español en temas espinosos, aplaudido en Marruecos y mirado con recelo en Argelia, ha sido ensordecedor. El 40 aniversario de la Marcha Verde y la inestabilidad política que puede generar la crisis de los campos de refugiados en Tinduf, podría convertirse en un cóctel explosivo ante el que la pasividad oficial española no sepa o pueda reaccionar.

Las relaciones con EE.UU. han mejorado en los últimos cuatro años, lo cual no es mucho decir si tomamos como referencia el bajo punto del que se partió tras el gobierno de Rodríguez Zapatero. Sin embargo, muy atrás quedaron los años en los que España era vista en EE.UU. como uno de sus más importantes aliados en el mundo. España ha mejorado sus relaciones militares con EE.UU. tras el despliegue del “escudo antimisiles” de la OTAN en la base de Rota, pero a nadie en el Pentágono se le olvida la espantada iraquí de 2004. Quizás lo que mejor muestra la pérdida de peso en EE.UU. de la tan cacareada “marca España”, a pesar de parecer anecdótico, es que al margen del ocasional brote de estupefacción que genera en EE.UU. el camino de España hacia el precipicio catalán o del arqueo de cejas que las tropelías de ciertos Spanish VIPs provoca, nadie en EE.UU. habla de España y su papel en el mundo. Hablan de Zara o del Santander o de Telefónica pero no de España.

Además del positivo resultado de su gestión económica en el marco de la UE, España consiguió en 2014 un importante reconocimiento al ser elegida como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU durante el bienio 2015-2016. Su labor en este cargo está siendo aplaudida.

Propuestas

En Floridablanca pensamos que un país como España merece una política exterior asentada en los principios fundacionales de nuestras sociedades abiertas, que son también los principios que imperan en el contexto político y legal internacional actual, por inspiración de los proto-liberales escolásticos españoles y su máxima figura en este campo, Francisco de Vitoria.

Pero ante todo, reconocemos que la acción exterior española debe estar íntimamente ligada al proyecto que España quiere como país. Sin proyecto de país no puede haber acción exterior.

Por ello, proponemos lo siguiente:

Premisas:

  • España debe valorar su Historia y comprometerse con su futuro. Los españoles hemos sido y somos capaces de tener una influencia positiva en la historia de la Humanidad. Este espíritu abierto y comprometido con el mundo debe ser el punto articulador de nuestro proyecto como país y de nuestra política exterior.
  • Dicha articulación debe ser fruto de una reflexión estratégica, hecha por y para toda la sociedad, incluidos los actores que desde diferentes ámbitos contribuyen a la proyección internacional de España. “2016: España en el Mundo” será una iniciativa multidimensional que revele a través de diferentes actividades, tanto públicas como privadas, en España y en el extranjero, los puntos determinantes que deben formar parte de nuestra política exterior en los próximos diez años. Esta iniciativa, que se basará en los resultados de otras actividades similares previas (como la que llevó a cabo el Real Instituto Elcano entre 2013 y 2014), deberá servir de base para la reforma de la Estrategia de Acción Exterior española, de diciembre de 2014.
  • La reforma de la Estrategia se centrará en aspectos políticos. La naturaleza burocrático-legalista de la Estrategia en vigor llevó a cometer errores como: tener al ministerio de Asuntos Exteriores por referencia principal, en lugar de al gobierno en su integridad; detenerse en debates terminológicos yermos; ser excesivamente larga y descriptiva; y reflejar falta de consonancia entre lo que se propone y la capacidad real de actuación. Estos errores deben ser subsanados.
  • La política exterior es una política de Estado. En sus ejes de actuación, debe ser consensuada con las principales fuerzas políticas españolas. Para ello se deberá crear un procedimiento, en el marco de un Pacto de Estado, que dé estabilidad a largo plazo para el intercambio de opiniones sobre las prioridades de España en política exterior entre las fuerzas políticas.

Ejes:

  • Unión Europea: Sin descuidar la gestión y relaciones económicas, España debe manifestar en la UE su intención de aportar un liderazgo constructivo a la Unión en materias en las que ya lo ha ejercido en el pasado (por ejemplo, seguridad y justicia, inmigración, cooperación al desarrollo, agricultura) y en aquellas que considere prospectivamente estratégicas (por ejemplo, innovación y tecnología, educación, comercio).
  • Espacio Atlántico: España debe promover el desarrollo de una “Visión Atlántica Integral”; un documento político de referencia que tenga en cuenta el pasado para explorar las oportunidades que la cuenca atlántica ofrece como espacio de libertad, democracia y crecimiento en el siglo XXI. Los tres pilares de esta Visión deben ser:
    • Iberoamérica: España debe dejar de centrar su relación con Iberoamérica únicamente en la cooperación al desarrollo. Se deben establecer mecanismos de diálogo y reflexión al más alto nivel político con el fin de consensuar un Documento Estratégico para Iberoamérica 2015-2050, que incluya aspectos económicos y comerciales, de estado de derecho y seguridad; y que reconozca la creciente fuerza política, social, económica y cultural iberoamericana.
    • Estados Unidos: España debe aspirar a ser un socio estratégico de primer orden para los Estados Unidos a través de la “Visión Atlántica Integral”, tanto en el ámbito político –por ejemplo en la Unión Europea—, como en el de la defensa—a través de OTAN y acuerdos bilaterales—, y comercial—por ejemplo, en el marco de la negociación del Transatlantic Trade and Investment Partnership, el acuerdo de libre comercio EE.UU.-UE.
    • África occidental: España debe invertir en el futuro de África, en particular de su litoral occidental, apoyando su desarrollo político y económico, a través de acuerdos bilaterales y, en la medida de lo posible, sub-regionales.
  • Norte de África: España debe ampliar sus miras más allá del Magreb, sin por ello descuidar las relaciones tradicionales con sus vecinos del sur, y apoyar el fortalecimiento institucional (estado de Derecho) de los países del Norte de África, cooperando activamente en materia de seguridad y defensa, y apoyando decididamente en el ámbito multilateral toda medida de estabilización.

Medios:

  • Es necesaria una reforma de la Ley de Acción y Servicio Exterior (Ley 2/2014, de 25 de marzo de 2014). A pesar de haber sido un paso en la buena dirección, la ley no aporta la debida coherencia a los medios de los que dispone el Estado para ejecutar su política exterior. La reforma necesariamente afectará la Estrategia de Acción exterior y el Consejo de Política Exterior.
  • La nueva reforma debería especialmente modernizar la carrera diplomática y el acceso de personal cualificado no diplomático al servicio exterior.
  • La reforma prestará debida atención a los principales instrumentos de acción exterior (seguridad e inteligencia, economía-comercio, cooperación, diplomacia, servicios consulares y acción cultural y científica).
  • Se hará necesaria una revisión de la dotación presupuestaria de la acción exterior española, racionalizándola y disminuyendo o incrementando partidas en consonancia con los ejes y prioridades determinados en la reformada Estrategia de Acción Exterior española. La reordenación de prioridades contribuirá a esta racionalización.Sello
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